Fuego de interfaz

¿Están nuestros hoteles y edificios preparados para sobrevivir a un incendio forestal?

La columna del perito forense Néstor Vidal, exclusiva para Económicas Bariloche, enfoca en esta ocasión el inédito desarrollo de la edificación en los bosques y montañas, y ejemplos mundiales de tragedias que obligan a pensar y ejecutar acciones preventivas profesionales y eficaces.
domingo 27 de septiembre de 2026
Un incendio destruyó un edificio en Valencia en pocas horas
Un incendio destruyó un edificio en Valencia en pocas horas

* Por Néstor Vidal – Perito e investigador forense de incendios (*)

San Carlos de Bariloche y la región andina viven un crecimiento inmobiliario y hotelero sin precedentes, pero este desarrollo se ubica en medio de un entorno forestal que sufre veranos con temperaturas cada vez más extremas debido al cambio climático.

Ante tragedias mundiales como el rápido incendio de un edificio en Valencia, surge una pregunta obligada, ¿nuestros complejos turísticos y edificios están realmente preparados para resistir las llamas y permitir que la gente escape a tiempo? 

La respuesta requiere dejar de lado la improvisación y basarnos en tres pilares preventivos, los materiales de construcción, las tácticas de control a gran escala y la forma en que actuamos nosotros mismos. 

El escudo de los edificios

Construir para salvar vidas En un hotel o torre residencial, el diseño arquitectónico debe asegurar que el edificio se mantenga en pie el tiempo suficiente para evacuar a cientos de turistas que, por lo general, desconocen los planos de emergencia. Para las estructuras de más de 28 metros de altura, las normas internacionales exigen que los aislantes ubicados en las fachadas (muy usados en la Patagonia para conservar el calor) cumplan con una clasificación técnica estricta llamada "A2-s3, d0".

En palabras sencillas, esto significa: 

•    A2: El material no es combustible y no ayuda a que el fuego se propague. 

•    s3: Si llega a afectarse, el humo que genera no es letalmente tóxico de forma inmediata. 

•    d0: Es el factor vital para la evacuación: bajo altísimas temperaturas, el material no se derrite y no "gotea" en llamas. Esto evita que llueva fuego sobre las personas que escapan por los pisos inferiores o que se bloqueen las salidas. 

Cumplir con estos estándares evita que las fachadas funcionen como chimeneas, confinando el fuego y dándoles a los bomberos el tiempo necesario para rescatar a las personas. 

La frontera entre el bosque y la ciudad: La defensa química, cuando la amenaza no nace en una cocina, sino que avanza desde el bosque hacia la ciudad, el fuego demuestra que no obedece reglas y es altamente destructivo. El primer paso preventivo para las viviendas es simple pero clave, mantener los techos limpios de pinocha, interrumpir la continuidad de los cercos vivos de plantas y evitar que las ramas de los árboles toquen la casa. 

Cuando estas barreras preventivas fallan en un gran incendio forestal, entran en juego los aviones que lanzan retardantes de fuego. Esa famosa "lluvia roja" que solemos ver en los incendios de California no es agua con colorante; es una mezcla química de sulfato de amonio (un fertilizante), silicatos y boratos que altera la forma en que se quema la vegetación. El color rojo es solo una pintura temporal que permite a los pilotos ver desde el cielo dónde ya tiraron el producto para no desperdiciarlo. 

Uso de la lluvia roja en California

Sin embargo, el uso de esta herramienta química tiene protocolos mundiales muy estrictos. Como contiene amoníaco, que es letal para los peces y la fauna de los ríos, existen "Zonas de Exclusión Acuática" que prohíben arrojarlo a menos de 90 metros (300 pies) de lagos o arroyos, utilizándose solo en casos extremos para salvar vidas humanas o viviendas. 

El factor humano, qué hacer para sobrevivir. Toda la tecnología de los edificios y de los aviones fracasa si las personas entran en pánico. La ciencia nos marca reglas claras de supervivencia ante la inminencia de las llamas: 

•    La trampa de correr: Jamás intente ganarle una carrera al fuego corriendo a favor del viento; la velocidad del incendio siempre será superior a la nuestra. 

•    El refugio de la "Zona Negra": La maniobra más segura es caminar hacia el terreno que ya se quemó (la zona calcinada), porque allí se ha agotado el combustible. Preste mucha atención a que no caigan árboles debilitados o pise brasas encendidas. Si debe apagar un foco muy pequeño, hágalo por los costados (flancos), nunca atacándolo de frente. 

•    Atrapados al aire libre: Camine en dirección opuesta al viento, busque cuerpos de agua para sumergirse si es necesario y cúbrase la boca con paños húmedos. Nunca se refugie en cuevas o pozos; actúan como chimeneas naturales que concentran gases tóxicos y consumen todo el oxígeno. 

•    En vehículos: Muchos incendios comienzan cuando el caño de escape caliente de un auto toca el pasto seco. Si el fuego lo acorrala manejando, deténgase en la zona más libre de vegetación posible, cierre herméticamente las ventanas y apague de inmediato el sistema de ventilación del auto para no inhalar humo. 

Nuestros edificios y hoteles en Bariloche serán realmente seguros siempre y cuando la arquitectura no sea solo un ejercicio de estética, sino que respete de manera inflexible las normas de resistencia al fuego.

La seguridad es un ecosistema que exige materiales incombustibles en nuestras fachadas, responsabilidad ciudadana para no iniciar fuegos y conocer a la perfección cómo evacuar. Invertir en esta cultura de prevención estructural y ambiental es el cimiento para proteger nuestras vidas y asegurar el futuro de nuestra industria turística.