Recambio presidencial
Chile gira a la derecha: Kast asumió la presidencia con la presencia de Milei y la ausencia de Lula
El presidente de la Argentina, Javier Milei, el rey Felipe VI de España y el mandatario ecuatoriano, Daniel Noboa, estuvieron entre los invitados al acto de asunción de José Antonio Kast en la Presidencia de Chile, así como Chistopher Landau, subsecretario de Estado estadounidense, y la premio Nobel venezolana María Corina Machado.

Kast, su esposa María Adriasola y el presidente Milei
La jornada, sin embargo, estuvo marcada por un vacío diplomático que resonó en los pasillos de Valparaíso: la sorpresiva ausencia del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Según consignó El Mercurio, la cancelación se produjo a última hora, luego de que la delegación brasileña ya se encontrara en Santiago coordinando los detalles logísticos, lo que generó un evidente malestar en el equipo de transición del nuevo mandatario chileno.
Desde Buenos Aires, el diario La Nación analizó el desplante como un síntoma de la polarización regional. El medio argentino destacó que el eje ideológico en Sudamérica enfrenta una nueva prueba de fuego, señalando que la decisión de Lula de enviar en su lugar al canciller Mauro Vieira busca evitar una foto de cercanía con las fuerzas de derecha que hoy celebran el triunfo de Kast.
Fuentes diplomáticas citadas por la prensa chilena sugieren que el detonante de la baja de Lula fue la presencia confirmada de figuras clave del bolsonarismo, como el senador Flávio Bolsonaro. La posibilidad de compartir escenario con sus principales oponentes internos, en un contexto de alta tensión política en Brasil, habría inclinado la balanza para que el líder del PT permaneciera en Brasilia, citando "temas de agenda" relacionados con la seguridad fronteriza.
En su primer discurso como jefe de Estado, Kast evitó mencionar directamente la ausencia del mandatario brasileño, pero hizo énfasis en que su administración buscará alianzas basadas en el respeto institucional y no en afinidades ideológicas. "Chile vuelve a mirar al mundo con la frente en alto, recuperando su soberanía y su orden interno", afirmó ante un Congreso Pleno que alternaba entre aplausos cerrados y el silencio expectante de la oposición.
El Mercurio subrayó la composición del nuevo gabinete, donde Kast optó por figuras de la derecha tradicional para ocupar carteras estratégicas, una señal interpretada como un intento de dar estabilidad a los mercados. La economía chilena, que ha mostrado signos de estancamiento, fue el eje de sus promesas, asegurando que su prioridad será atraer inversión extranjera y reducir el gasto público.
Por su parte, La Nación puso el foco en el contraste entre la despedida de Gabriel Boric y la llegada de Kast. El medio describió el retiro de Boric del Palacio de La Moneda como el cierre de un experimento progresista que no logró consolidar sus reformas estructurales, dejando el camino libre para un discurso de "mano dura" contra la delincuencia y la migración irregular.
La presencia de otros líderes regionales, como los mandatarios de Uruguay y Argentina, intentó matizar el desaire de Brasilia. Sin embargo, para los analistas internacionales citados en la cobertura de ambos diarios, el gesto de Lula marca el inicio de una relación bilateral que, lejos de la fluidez histórica entre Santiago y Brasilia, estará caracterizada por la frialdad diplomática y el pragmatismo acotado.
La seguridad fue otro punto álgido de la jornada. Miles de partidarios de Kast se concentraron en las afueras del Congreso y en la Plaza de la Constitución para celebrar la asunción, mientras pequeños grupos de manifestantes recordaban las deudas pendientes en materia de derechos sociales. La policía chilena desplegó un operativo sin precedentes para garantizar que la transición se desarrollara sin incidentes mayores.
Al caer la tarde, José Antonio Kast ingresó al Palacio de La Moneda para ofrecer su primer mensaje a la nación desde el balcón presidencial. Con el bastón de mando en mano, el nuevo presidente de Chile dio inicio a un periodo de cuatro años donde el desafío principal será gobernar un país dividido, bajo la sombra de un gigante regional, Brasil, que hoy decidió mirar hacia otro lado.