A 15 años de la histórica erupción del complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle

Ocurrió el 4 de junio de 2011 pero sus consecuencias perduraron en el tiempo. Fue una de las erupciones volcánicas más potentes de los últimos tiempos. Aeropuerto cerrado, rutas tapadas con cenizas y actividad turística en crisis. 15 años de un momento que permanece en el recuerdo de muchos.
miércoles 03 de junio de 2026

 

Hasta las 4 de la tarde, el 4 de junio de 2011 transcurría con normalidad, como un sábado otoñal como cualquier otro. Cuando nadie lo esperaba, se hizo de noche en plena tarde y comenzó a caer, de manera paulatina, una garúa de cenizas con forma de plumas que luego se convirtió en una lluvia de arena sin precedentes.

El volcán Puyehue, de 2.240 metros de altitud, minutos después de las 15:15 del sábado 4 de junio del 2011, comenzó a despedir una nube de cenizas que cubrió toda la región. Al otro lado de la cordillera, en territorio chileno, el complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle despertaba después de medio siglo de silencio.

En unas pocas horas, una enorme bocanada de material piroclástico y cenizas de distinto grosor cubrió cientos de kilómetros desde la cordillera hacia el este. Eran alrededor de las 16 cuando la nube negra se instaló sobre Bariloche. La claridad de la tarde desapareció por completo y una precipitación seca y abrasiva comenzó a cubrir calles, techos, autos y baldíos. 

"Una garra negra"

Los testimonios de aquel día se repiten con la misma imagen: algo que venía desde el oeste, oscuro e incomprensible, avanzando a una velocidad que no daba tiempo a pensar.

Juan Cid, trabajador del Cerro Catedral que esa tarde estaba en la zona de Lynch, lo describió así: "Eran las 16 horas y quedamos sin tener visibilidad ni nada. El viento estaba muy inestable, las ráfagas por momentos fueron muy intensas; en segundos se vio como una garra negra, todo oscuro. Y empezó a caernos arriba de nuestra ropa las cenizas. Por suerte pudimos evacuar a todas las personas porque no sabíamos cómo resolver la situación."

Otro testigo describió haber visto cómo se oscureció todo y se encendieron las luces de la calle. Salió al jardín de su casa en el kilómetro 15 de la Avenida Bustillo y escuchó llover, pero no había agua. "Los árboles se empezaron a poner plateados en la oscuridad. Era una lluvia seca. A la mañana siguiente estaba todo tapado de arena."

La confusión fue total durante los primeros minutos. Ricardo "Bruja" Verón, también trabajador de Catedral, recordó: "Levanté la mirada y se vio una nube oscura. Pensé que era de tormenta. Al rato esa nube empezó a venirse cada vez más. Empezamos a googlear y ahí nos enteramos de la explosión del volcán del lado chileno. Fue cuestión de minutos desde que esa nube avanzó, nos tapó y se volvió todo oscuro."

La magnitud: un evento sin precedentes recientes

Precedida por unos 230 sismos de menor intensidad, la erupción provocó una columna de material piroclástico —ceniza, humo, arena, lava solidificada— de unos 14 kilómetros de alto sobre el nivel del mar y 5 kilómetros de ancho. 

Se estima que cien millones de toneladas de cenizas, arena y piedra pómez fueron expulsadas, con un poder destructivo comparable al de 70 bombas atómicas. La nube de ceniza se esparció por miles de kilómetros, afectando ciudades como Bariloche, Villa La Angostura y otras localidades argentinas, así como lugares tan distantes como Montevideo, ciudades de Brasil, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda.

El geólogo vulcanólogo Gustavo Villarosa lo puso en perspectiva histórica: estudios posteriores señalaron la erupción de 2011 como la más importante que experimentó el Caulle en los últimos 10 mil años. No era, sin embargo, un volcán desconocido: su última gran erupción había sido en 1960, tras el terremoto de 9,5 grados Richter en Valdivia, Chile. 

Existen estudios que señalan que hubo advertencias que no fueron atendidas del todo. "Pasan 40 años y la gente se olvida hasta que vuelve a pasar", apuntó Villarosa. 

La ceniza que dio la vuelta al mundo

La nube de más de 10.000 metros de altura dio la vuelta al mundo, afectando vuelos de países tan lejanos como Nueva Zelanda y Australia, y obligando al cierre de numerosos aeropuertos tanto en el sur de Chile como en Argentina. 

Al menos 3.500 personas fueron evacuadas en las zonas cercanas al epicentro, mientras que la nube de cenizas forzó a las aerolíneas a cancelar vuelos locales e internacionales. También obligó el cierre temporal del paso fronterizo internacional Cardenal Antonio Samoré. 

Dos semanas después de aquel sábado, las cenizas del volcán Puyehue habían recorrido todo el mundo y regresaron a Chile. La Patagonia había puesto su nombre en el mapa de los fenómenos naturales más extraordinarios del siglo.

El golpe económico y la solidaridad

El impacto no fue solo visual ni emocional. La erupción tuvo impacto en la provisión de agua potable, en la planta de saneamiento, en el tránsito y en los vuelos. En Bariloche cayeron 4 centímetros de ceniza, pero en Villa La Angostura cayeron 20. 

La Agrupación de Hosterías y Hoteles de Bariloche informó que el sector turístico de la zona ya había perdido cerca de 8 millones de pesos en las primeras semanas desde que el Puyehue entró en actividad. La actividad del complejo generó una sucesión de problemas en la comunicación, el transporte, la ganadería y el turismo. 

Las actividades productivas —especialmente la ganadería extensiva, la agricultura y el turismo— sufrieron pérdidas por varios meses. El Estado provincial y nacional implementaron planes de contingencia, distribución de forraje, limpieza de instalaciones y asistencia sanitaria. 

Pero frente al desastre, la comunidad respondió. Lo que siguió, tanto en Villa La Angostura como en Bariloche, fue la muestra de solidaridad de mucha gente que se involucró con lo que ocurría y salió pala en mano a levantar la ceniza que había transformado a sus ciudades en un paisaje gris. 

Quince años después

El 4 de junio de 2026 se cumplen 15 años de aquella tarde. La ciudad que emergió de bajo las cenizas es la misma, aunque no del todo. El evento dejó múltiples enseñanzas para Bariloche y la región, entre ellas lo poderosa e impredecible que puede resultar la naturaleza, y la importancia de la solidaridad y la preparación ante emergencias inesperadas. 

Quienes vivieron aquel sábado guardan en la memoria una imagen que no tiene paralelo: el mediodía convertido en medianoche, los faroles encendidos a las cuatro de la tarde, la lluvia que no mojaba. Una tarde en que la naturaleza recordó, con toda su violencia, que la Patagonia es también tierra volcánica, y que el cordón de fuego que corre bajo los Andes no duerme para siempre.