¿Por qué en Argentina cada vez se tienen menos hijos? Un análisis de la Fundación Argendata

El país viene dando cuenta de un cambio radical en la tasa global de fecundidad, que pasó de 2,4 hijos en 2014 a 1,23 en 2024. ¿Qué sucedió para que caiga la tasa de fecundidad? ¿Cómo evolucionaron los embarazos adolescentes en las últimas décadas? ¿Qué impacto tiene esto en la sociedad?
jueves 28 de mayo de 2026

En los últimos diez años, Argentina mostró un cambio radical en la tasa global de fecundidad, que pasó de 2,4 hijos en 2014 a 1,23 en 2024. La esperanza de vida también aumentó considerablemente en las últimas décadas: de 72 años en 1990 a 77 años en la actualidad. 

Estos dos fenómenos están reconfigurando la estructura poblacional del país, que empieza a parecerse cada vez más a la de los países desarrollados europeos. 

¿Qué sucedió para que caiga la tasa de fecundidad? ¿Cómo evolucionaron los embarazos adolescentes en las últimas décadas? ¿Qué impacto tiene esto en la sociedad?  

La tasa global de fecundidad (TGF) es un indicador clave para la demografía, ya que estima, en promedio, la cantidad de hijos que una mujer tendría a lo largo de su vida. Suponiendo que no hay flujos migratorios, una población necesita una TGF cercana a 2,1 hijos por mujer para mantener tamaño constante en el largo plazo.

La fecundidad en Argentina ha seguido una trayectoria muy particular. En la segunda mitad del siglo XIX, la TGF rondaba los 7 hijos por mujer. Durante la primera mitad del siglo XX la fecundidad descendió rápido, pero se ralentizó a partir de 1950 e incluso repuntó levemente en los setenta. Como resultado, en 1990 la tasa era apenas un 4% menor que en 1950. El ritmo pausado que siguió la caída de la fecundidad en Argentina determinó un envejecimiento poblacional más lento que en otros países.

Sin embargo, a partir de 2014, el descenso de la fecundidad aceleró su ritmo notablemente. En menos de una década, la TGF disminuyó más de un 40% y para 2024 tocó el mínimo histórico de 1,23 hijos por mujer, valor cercano al de muchos países más desarrollados.

Este fenómeno es multicausal. Un factor relevante son los cambios culturales acerca del rol de las mujeres en la sociedad y en las preferencias de las generaciones más jóvenes. La mayor cobertura educativa, el mayor acceso a información sobre derechos sexuales y reproductivos y la difusión de nuevos métodos anticonceptivos como los implantes subdermales también jugaron un rol.

Ahora bien, este recorrido no debe analizarse de forma aislada. A mediados del siglo XX, Argentina era el segundo país con la TGF más baja de América Latina, sólo detrás de Uruguay. Sin embargo, la caída de la fecundidad se ralentizó y para 2014 el cuadro se había invertido: Argentina tenía un nivel de fecundidad superior al de casi todos los países de Sudamérica, con excepción de Paraguay y Bolivia.

La mencionada fuerte caída de la natalidad desde entonces hizo que Argentina revirtiera esa trayectoria de rezago relativo. Así, en la última década, nuestro país recuperó posiciones en el ranking regional y volvió a tener un nivel de fecundidad comparable al de otros países con niveles de desarrollo similar.
 
¿La caída fue igual en madres de todas las edades? 
 
La tasa de fecundidad adolescente, que mide los nacimientos por cada 1000 mujeres de entre 10 y 19 años, es un indicador crucial de desarrollo social y acceso a derechos básicos. La mayoría de los embarazos adolescentes no son intencionales, sino el producto de dificultades en el acceso a información y servicios de salud reproductiva y anticonceptivos. Y las consecuencias de estos embarazos son que las adolescentes probablemente salgan del sistema educativo, comprometiendo su trayectoria laboral futura y la posibilidad de salir de la pobreza. Es por esto que una baja tasa de fecundidad adolescente suele ser síntoma de desarrollo económico y es menor en los países más ricos.

Históricamente, Argentina tuvo una trayectoria preocupante. Entre 1950 y 2015, nuestra tasa de fecundidad adolescente aumentó un 6%, a contramano de la trayectoria de reducción que tuvo en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe (-37%) y en fuerte contraste con aquellos países que registraron las caídas más notables, como Perú (-56%) y Chile (-60%). Dada esta trayectoria divergente, Argentina pasó de ocupar el segundo lugar en el ranking regional de menor fecundidad en 1950, al puesto 35 en 2015.

Afortunadamente, esta tendencia histórica cambió drásticamente a partir de 2015. En menos de una década, la fecundidad adolescente en Argentina disminuyó un 66% y en 2023 superó los 11 hijos por cada 1000 mujeres, un valor muy inferior al promedio regional.

A pesar de esta notable mejora, la brecha aún no está cerrada. Aunque Argentina mejoró su situación relativa, todavía tiene una tasa de fecundidad adolescente muy alta comparada con países desarrollados, donde ronda los 2-3 hijos por cada 1000 mujeres.  

¿La caída en la natalidad afecta a la escolaridad?

La caída en la tasa de natalidad y de fecundidad tiene un impacto directo en la cantidad de estudiantes inscriptos en los niveles obligatorios. Según estimaciones del Observatorio Argentinos por la Educación, en 2030 se estima que la matrícula de la escuela primaria en Argentina caerá un 27% con respecto a 2023, lo que representa aproximadamente 1,2 millones de estudiantes menos. 

El impacto es gradual y escalonado: la escolaridad obligatoria comienza a los cuatro años, es decir que los primeros afectados son los jardines de infantes. Con el tiempo, la merma se extiende al nivel primario y finalmente al secundario, por lo que todavía no es posible observar este fenómeno en todos los niveles. 

En el caso puntual de las guarderías y los jardines maternales -primeros niveles educativos alcanzados por la baja en la cantidad de infantes-, la caída en la cantidad de establecimientos privados es notoria: desde enero de 2019 hasta diciembre de 2025 se perdieron 1812 empresas, lo que representa una pérdida de casi el 50% del valor inicial. Por el contrario, la cantidad de escuelas primarias y de enseñanza inicial obligatoria se mantiene constante. 

La caída de la natalidad abre dos escenarios en el ámbito educativo: por un lado, puede habilitar la reducción de cursos, de la cantidad de docentes y del gasto educativo del sistema público. La otra opción, en caso de mantenerse constantes los recursos destinados a la educación, es disminuir la cantidad de estudiantes por aula y por docente, lo que puede tener un impacto positivo en la calidad de la educación que reciben los estudiantes.

(Informe ArgenData). 

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