Turismo
El turismo estudiantil pide ser desregulado para alcanzar mayor potencial
El turismo estudiantil en Argentina es mucho más que los clásicos viajes de egresados a destinos como Bariloche, Villa Carlos Paz o Mar del Plata. Abarca una franja completa de doce años de escolaridad, desde 1.er grado hasta 5.º o 6.º año del secundario, y con ello, una enorme oportunidad de desarrollo turístico, económico, educativo y cultural para todo el país.
Actualmente, existen miles de estudiantes que participan de viajes escolares y de egresados a lo largo del ciclo lectivo. Destinos como Tandil, La Falda, Puerto Madryn e Iguazú forman parte del calendario turístico escolar, aunque su acceso está limitado por un sistema altamente regulado.
Según estimaciones del sector, alrededor de 600.000 alumnos egresan anualmente del ciclo secundario en Argentina. Sin embargo, solo entre 120.000 y 140.000 realizan el tradicional viaje de egresados a San Carlos de Bariloche. Esto deja a una enorme mayoría de jóvenes, especialmente en pequeñas ciudades y pueblos del interior, sin acceso a una oferta turística basada en la falta de oferta dado que las empresas tradicionales por logística y costos no llegan. Esta exclusión responde, en gran medida, a una regulación estatal que impide que agencias de viajes o empresarios y provedores , hoteles regionales y prestadores locales participen activamente del mercado.
Argentina es el octavo país más extenso del mundo y el segundo en América del Sur. La diversidad geográfica y cultural del territorio ofrece un potencial enorme para desarrollar viajes educativos, recreativos, deportivos o culturales a lo largo y ancho del país. Pero hoy, este potencial se encuentra restringido.
Las regulaciones vigentes impiden, por ejemplo, que un emprendedor o empresario local que cuente con un hotel o complejo de cabañas pueda ofrecer directamente sus servicios para alojar contingentes escolares. Tampoco puede organizar un paquete completo con transporte, excursiones y seguros, a pesar de que muchas veces esa oferta sería más económica y de mejor calidad.
Además, la regulación impide que las escuelas, docentes y padres puedan elegir entre múltiples propuestas adaptadas a las necesidades de sus alumnos. En un contexto donde la inteligencia artificial, la digitalización y el acceso a la información permiten comparar opciones de forma ágil y transparente, el turismo estudiantil sigue anclado a un esquema del pasado.
Cabe aclarar que los fundamentos que en su momento justificaron la intervención del Estado —como la necesidad de seguros, cobertura médica o garantía del dinero pagado por los padres— ya han sido incorporados como estándares básicos en toda la industria. La reciente implementación de la póliza de caución obligatoria, impulsada por el Ministro F. E. y el Secretario de Turismo D. S., blinda los fondos familiares incluso en un contexto desregulado. Es decir, la protección puede mantenerse sin limitar la competencia y sin la innecesaria presencia del estado.
Mientras el turismo general en Argentina —que moviliza entre 7 y 9 millones de personas por año— opera hoy en plena libertad de mercado, el turismo estudiantil sigue siendo una excepción, regulado en un mercado que representa menos del 10% de ese volumen. Esta contradicción frena el crecimiento, impide el desarrollo de nuevos destinos y deja sin oportunidades a miles de actores locales.
La propuesta no es eliminar garantías ni estándares de seguridad, sino permitir que todos los sectores —grandes y pequeños— puedan competir en igualdad de condiciones para ofrecer experiencias significativas a los estudiantes de todo el país.
Desregular el turismo estudiantil no solo ampliaría la oferta y reduciría los costos para las familias, sino que permitiría incluir a los más de 5 o 6 millones de estudiantes que hoy cursan entre la primaria y la secundaria en Argentina. El turismo estudiantil, bien entendido, no debe limitarse a un solo viaje al final del ciclo escolar, sino convertirse en una herramienta educativa y cultural sostenida a lo largo de toda la vida escolar.