Mundo en guerra
Las sandalias del pescador en tiempos de guerra: la prédica de León XIV
Por Jorge Alberto Norero González (*)
Mientras el mundo se rearma, multiplica sus conflictos y destina cantidades inimaginables de recursos a la industria de la guerra, una voz se ha levantado desde Roma para recordar una verdad tan antigua como vigente: la paz sigue siendo el único camino capaz de garantizar la supervivencia y la dignidad de la humanidad.
Cuando el papa León XIV afirma que la guerra es el idioma de quienes han sido entontecidos por la vanidad, la soberbia y la prepotencia, no está pronunciando una simple frase para los titulares de prensa. Está formulando una severa advertencia moral a una civilización que parece haber perdido la capacidad de dialogar y que con demasiada frecuencia confunde fuerza con violencia, liderazgo con imposición y poder con dominación.
En un tiempo en que el odio encuentra tribunas, la intolerancia se normaliza y la polarización divide pueblos, familias e instituciones, el mensaje de León XIV adquiere una dimensión universal. Su llamado a privilegiar el amor sobre el resentimiento, la tolerancia sobre la discriminación y la humildad sobre la ostentación constituye una invitación a recuperar aquello que nos hace verdaderamente humanos.
Este hijo de Chicago parece estar construyendo poco a poco un estilo propio. Sin estridencias, sin espectáculos innecesarios y sin caer en protagonismos vacíos, transmite la imagen de una Iglesia que busca volver a la esencia de su misión: acompañar, escuchar, consolar y sembrar esperanza en medio de la incertidumbre. Y la incertidumbre no es poca.
La humanidad enfrenta desafíos que trascienden fronteras, ideologías y credos. El cambio climático, la contaminación ambiental, los fenómenos extremos, las sequías, inundaciones, incendios forestales, terremotos y desplazamientos humanos masivos son realidades que ya no pertenecen al futuro sino al presente. Para millones de personas, una inundación devastadora, un terremoto o un incendio incontrolable pueden significar literalmente el fin de su mundo conocido.
Paradójicamente, mientras estas amenazas avanzan, muchos gobiernos continúan destinando más recursos a perfeccionar mecanismos de destrucción que a fortalecer sistemas de prevención, educación, salud o protección ambiental. Pareciera que la humanidad se prepara con mayor empeño para la guerra que para la supervivencia.
En ese escenario, la figura de León XIV adquiere un significado especial.
Sus pasos parecen recordar que la verdadera grandeza no reside en los palacios, las fortunas o los arsenales, sino en la capacidad de servir. Por eso resulta tan poderosa la imagen de las sandalias del pescador. No representan privilegio ni poder terrenal; representan una misión. Simbolizan el compromiso de caminar junto a los pueblos, especialmente junto a quienes sufren, lloran o han perdido la esperanza.
Quizás por ello su mensaje encuentra eco en tantos corazones. Porque cuando la violencia se convierte en rutina y el miedo en compañero cotidiano, la esperanza deja de ser una simple palabra para convertirse en una necesidad espiritual.
La historia demuestra que ningún imperio ha sido eterno, que ninguna guerra ha resuelto definitivamente los conflictos humanos y que ninguna riqueza ha podido comprar la inmortalidad. Lo único que permanece es la huella que dejan las acciones inspiradas en el amor, la justicia y la compasión.
León XIV camina hoy con las sandalias del pescador recordándonos que la llegada a un mundo mejor no depende únicamente de avances tecnológicos o acuerdos políticos, sino también de una transformación profunda del corazón humano.
Porque si algo necesita la humanidad en estos tiempos de guerra no son más vencedores ni más derrotados. Necesita más constructores de paz.
Y quizás allí radique la mayor enseñanza de este nuevo pontificado: comprender que la esperanza no es una oferta electoral ni una promesa pasajera. Es la convicción de que, aun en medio de la oscuridad, existe una luz capaz de guiarnos.
Para millones de creyentes esa luz tiene un nombre: Dios. El mismo que fue, es y será por siempre el soberano del universo, el Señor de la vida y el Rey de Reyes.
Mientras tanto, las sandalias del pescador continúan avanzando, recordándole al mundo que aún estamos a tiempo de elegir entre el camino de la guerra o el sendero de la paz.
(*) Jorge Alberto Norero González es un político, empresario y economista ecuatoriano, nacido en Guayaquil en 1955, donde fue alcalde entre 1985 y 1986. Es asesor jurídico, político y estratégico, además de participar como analista en temas de planificación militar y seguridad pública en diversos medios de comunicación.