2026-03-28

Árbol de pie: llamativa selectividad para intervenir sólo en algunos casos

Semanas atrás talaron una araucaria para construir un complejo edilicio en Libertad y España. Ahora, en Costanera, una constructora avanza sobre un arrayán que evidencia un grave deterioro. Sin embargo la ONG se enfoca en el ejemplar del ex Correo, donde la constructora de un hotel contrató a un especialista para custodiar el árbol.

En los últimos meses, la discusión sobre el desarrollo urbano y la protección ambiental en Bariloche volvió a ocupar un lugar central en la agenda pública.

Sin embargo, no solo las decisiones empresariales o estatales generan controversia: también comienzan a surgir cuestionamientos hacia el accionar de ciertas organizaciones ambientalistas, particularmente en lo que respecta a la coherencia de sus intervenciones.

Uno de los casos que despierta críticas involucra a la ONG Árbol de Pie, históricamente activa en la defensa del arbolado urbano. Vecinos y actores del sector privado señalan una aparente selectividad en sus reclamos, interviniendo con firmeza en algunos proyectos mientras mantienen silencio frente a otros de impacto similar o incluso mayor.

Un ejemplo reciente es la tala de una araucaria ocurrida meses atrás, vinculada a la construcción de un complejo edilicio en España y Libertad. Según denuncian residentes de la zona, el hecho no recibió objeciones públicas significativas por parte de la organización, pese al valor simbólico y ecológico de la especie.

En paralelo, otra situación genera preocupación en la Costanera, donde una obra en desarrollo habría afectado seriamente a un ejemplar de arrayán. Testimonios indican que el árbol presenta daños visibles producto del avance de la construcción, sin que hasta el momento se haya registrado una intervención contundente de sectores ambientalistas.

En contraste, la ONG sí ha tomado una postura activa frente a otro proyecto hotelero también relacionado con un ejemplar de arrayán. En este caso, la empresa a cargo no solo evitó la remoción del árbol, sino que además contrató personal especializado para su cuidado y adaptó el diseño arquitectónico para preservar su integridad. A pesar de estas medidas, la organización mantiene objeciones y acciones de presión sobre el desarrollo.

Esta disparidad en los criterios de intervención abre un interrogante legítimo: ¿existe una vara uniforme para evaluar el impacto ambiental de los proyectos, o las decisiones responden a otros factores? Para algunos sectores, la falta de consistencia debilita la credibilidad del reclamo ambiental y dificulta la construcción de consensos necesarios para un desarrollo urbano sostenible.

El debate, lejos de cerrarse, plantea la necesidad de mayor transparencia, criterios claros y diálogo entre todos los actores involucrados. La protección del patrimonio natural es una responsabilidad compartida, pero también requiere coherencia para sostener su legitimidad ante la comunidad.

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