Acuerdo Mercosur y Unión Europea: nace la zona de libre comercio más grande del mundo
La firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) marca el final de un proceso de negociaciones que se extendió por un cuarto de siglo. Este entendimiento busca crear la zona de libre comercio más grande del planeta, integrando a 27 naciones europeas con los socios del Cono Sur.
El impacto demográfico es masivo, ya que el área de libre comercio reunirá a 720 millones de personas. De ese total, 450 millones pertenecen al bloque europeo y 270 millones a los países que integran el Mercosur, consolidando un espacio de consumo sin precedentes a nivel global.
En términos económicos, los 31 países involucrados suman un PBI combinado de 24,2 billones de dólares. Esta cifra representa el 20,2% del producto bruto mundial, lo que sitúa al tratado como uno de los pilares de la economía internacional contemporánea frente a otros bloques.
El acuerdo establece que la UE eliminará aranceles para el 92% de las exportaciones del Mercosur. Por su parte, el bloque sudamericano hará lo propio con el 91% de sus aranceles a productos europeos, aunque bajo un cronograma de transición más extenso para permitir la adaptación.
Un punto clave es el acceso preferencial que el Mercosur obtendrá para el 99% de sus exportaciones agrícolas. Esto beneficia directamente a los sectores de carne vacuna de alta calidad, vinos y aceites, que podrán ingresar al exigente mercado europeo con menores costos impositivos.
Para la industria europea, el beneficio principal radica en la eliminación de aranceles en sectores estratégicos como el automotriz, que hoy paga un 35% para entrar al Mercosur. También se verán favorecidas la maquinaria industrial, la tecnología de punta y la industria farmacéutica.
El tratado no solo abarca bienes, sino que remueve obstáculos para el comercio de servicios y permite a las empresas participar en licitaciones públicas en igualdad de condiciones. Esto abre puertas en sectores como finanzas, logística, infraestructura y telecomunicaciones.
En el análisis de beneficios, el Mercosur experimentará un "cambio de matriz" al dejar de ser un bloque cerrado. Actualmente, el ratio de exportaciones sobre el PBI en la región es de apenas el 15%, muy por debajo del promedio mundial del 29%.
Para la Argentina, el acuerdo representa una oportunidad de aumentar su inserción internacional. El país posee uno de los niveles de comercio exterior más bajos con relación a su PBI, y la apertura podría fomentar la llegada de inversiones extranjeras directas.
La integración promete cinco efectos positivos para las economías locales: mejora en la calidad de la producción por competencia, empleo de mayor calificación, aumento de las tasas de inversión, menor volatilidad cambiaria por el flujo de dólares y mayor recaudación fiscal.
Sin embargo, el pacto también presenta desafíos y sectores perjudicados. En Argentina, la industria automotriz y sectores como el textil, el calzado y la química enfrentarán una competencia mucho más agresiva por parte de los fabricantes europeos.
El agro europeo también ha manifestado sus reservas. Para proteger a sus productores, se han incluido salvaguardas que permiten detener el comercio de ciertos productos, como carne o azúcar, si se producen alteraciones significativas en los precios internos de la UE.
Un aspecto diferencial de este acuerdo es su profundidad regulatoria. A diferencia de otros tratados, este incluye compromisos estrictos sobre estándares ambientales, cumplimiento del Acuerdo de París y respeto a los derechos laborales y de propiedad intelectual.
Desde el punto de vista geopolítico, el pacto busca reducir la dependencia de China. La Unión Europea intenta asegurar el acceso a materias primas críticas como el litio y el cobre, fundamentales para la transición energética, mientras el Mercosur diversifica sus destinos.
El acuerdo llega en un momento de "friendshoring", donde los negocios internacionales tienden a concentrarse entre países aliados. Con 380 acuerdos comerciales vigentes en el mundo, la integración se ha vuelto una necesidad para no quedar aislado de las cadenas globales.
La entrada en vigor será provisional una vez firmado el texto, ya que restará el refrendo de los congresos nacionales del Mercosur y del Parlamento Europeo. Este proceso legislativo es el último paso para que la reducción arancelaria se haga efectiva.
En términos de estabilidad política, el tratado actúa como un marco institucional que trasciende los roces ideológicos circunstanciales entre mandatarios. Ofrece un horizonte de previsibilidad para las empresas y los inversores a largo plazo en ambos lados del Atlántico.
Los expertos señalan que, si bien las economías industrializadas de Europa podrían obtener una ventaja comparativa inicial, el crecimiento del volumen de negocios será un motor de desarrollo para los países sudamericanos que logren adaptar su estructura productiva.
El impacto en los consumidores será directo, con una mayor oferta de productos y una probable baja de precios en bienes tecnológicos y vehículos. Al mismo tiempo, las pymes locales tendrán el desafío de modernizarse para competir o integrarse a las cadenas de valor europeas.
En conclusión, la asociación Mercosur-UE configura el mayor hito comercial de las últimas décadas para la región. Es una apuesta por la apertura y la cooperación en un contexto global fragmentado, que redefine el lugar del Cono Sur en el mapa de la economía mundial.