Adiós a la dueña de la escena
Viaje de la cofradía que respiraba teatro a Río Colorado, preludio la despedida de Alicia Tealdi
“Me parece que esto se terminó”, le había dicho Alicia Tealdi a Julio Benítez siete meses atrás, cuando volvían en colectivo de presentar “El líquido táctil” en un Festival de Río Colorado.
Habían tenido una absurda discusión sobre unas empanadas de la tournée al Valle medio, en la que dieron una buena función con Javier Cattáneo, Adrián Beato, Pablo Beato y Virginia Salamida, pero que había sido “para todos medio incómoda”.
“Ahora, visto a la distancia, pienso que se despedía, puedo entenderlo, sentirlo así”, expresó Julio Benítez conmocionado a Económicas Bariloche, apenas horas después de la terrible noticia de la muerte de Alicia Tealdi que sacudió al teatro de Bariloche.
Alicia fue desde su irrupción una de las dueñas de la escena del teatro y la danza de la ciudad. Por su maestría interpretativa, la dirección, enseñanza, escritura, pero también por su infatigable lucha por el arte en la ciudad, siempre contra viento y marea. Fue aguerrida como lo había sido su padre, Héctor Tealdi, un militante gremial implacable del teatro, y es imposible disociarla -entre otras cosas- de la pelea para que Bariloche tuviera por fin su teatro.
Alicia y Julio, con otros actores de Bariloche, en la militancia del teatro
Claro que no estaba sola, sino acompañada por el valioso grupo de la Asociación Teatrantes, que logró la financiación del Instituto Nacional del Teatro (este año desarticulado y desfinanciado por el gobierno de Javier Milei), la cesión del “elefante blanco” del frustrado Centro de Convenciones, y encaró la compleja obra para convertir un sector en teatro.
Con ese liderazgo, Alicia fue hasta su muerte del martes la presidenta de la Asociación Teatrantes Bariloche.
“La mujercita de los zancos”
Julio recuerda que Alicia apareció en su vida de la mano de Héctor Tealdi, a quien lo unió una gran amistad luego de que lo dirigió en General Roca. “Estaba muy agradecido con él, era representante de la Asociación Argentina de Actores”, dijo.
Tiempo después Alicia y Julio se encontraron en un café de la galería Vía Firenze. “Me acerqué a una mesa en la que estaba Carlos Denicolai (actor, profesor, cantor) con una mujercita especial. Me la presentó y desde ahí siempre anduvimos juntos en el teatro y en la vida”, recordó.
La "mujercita", con un bebé en brazos y rodeada de la mejor gente.
“La veía en zancos, en una murga, y luego en el teatro. En esa época actuaba en ‘Claroscuro’, una obra para niños preciosa. Después, en 2001, apareció por acá Fernando Aragón, un director que vive en Neuquén y que es conocido de Adrián Beato. Vino a dirigir “Postales Argentinas”, en la que actuaban Adrián y ella, brillante, con el compromiso de siempre”, agregó Julio. Él había sido el coordinador general de la puesta, que en Escenografía contaba con Paula Maccione y Federico Marchessi, y en Iluminación y Sonido con Pablo Beato, uno de los tantos “dream teams” del teatro barilochense, de calidad extraordinaria que se remonta a cuatro o cinco décadas.
“Ahí entré en contacto directo con ella. Con ella hicimos en los 2000 el ‘Teatrito de los Globos Rojos’, en el patio de Unter, y luego en Bomberos hicimos ‘El conventillo de la paloma’, dirigida por Luis Caram, en donde Alicia hizo un trabajo formidable como la Gallega”, continuó.
Agregó que en 2009 Alicia “capitaneó y generó ‘Café Patagonia’, con Fernando Aragón como director invitado”. Esa exitosa puesta en Salón Araucanía venía de Neuquén y fue otra de las memorables gestiones teatrales de Alicia, quien tuvo la doble responsabilidad de actuar y dirigir una historia, al igual que Julio, Flavia Montello y Carlos Marsero. Compartieron el trabajo con otros grandes de la escena, como Graciela Lauro, Mabel Paredes, Fede Batan, Rubén Fernández, Julio Aguirre, Fabiana Quintero, Roxana Moro, Javier Cattáneo, Leopoldo Marcellino, Zahira Barcos, Andrea Cymet y Cecilia Planas. Con menos rodaje, participaron Abril Beato, Mora Otsubo, Gustavo Cimet y Yolanda Maidana.
“También en ‘Bolitas negras’ ella tuvo un hermoso papel. Fue metiéndose en una actividad corporal importante, daba clases en distintos lugares, y después entró en la Universidad Nacional de Río Negro en Danza. En 2013 hice ‘Varieté’ con ella en el refugio Berghof, y Alicia siguió con mucha actividad, hasta que todos entramos en pausa con la pandemia”, dijo Julio.
En 2023 Alicia y Julio compartieron otra de sus cumbres con “El líquido táctil, en la histórica Casa Frey del kilómetro 1,5 de Bustillo, obra del argentino Daniel Veronese, con fragmentos de piezas y personajes de Anton Chejov. Llevaron luego la obra a Casa de Piedra y tuvo su puesta póstuma en Río Colorado.
"Bailábamos hasta que las velas no ardan", rememoró Julio Benítez.
“Fuimos muchos en micro a Río Colorado, fue muy lindo, como una cofradía teatral, y resultó de despedida. Siempre consideré a Alicia como mi hermana del teatro y de la vida. Hermana mayor, porque me decía siempre ‘cuídate con lo que decís’. Bailábamos ‘hasta que las velas no ardan’. Estábamos ensayando Ulf (“La pasión de Jacinto y Paloma”, del argentino Juan Carlos Gené), que al final no concretamos. Yo me hacía ilusiones con hacer con ella ‘El sueño y la vigilia’ (también de Gené) y antes ella me pasó el monólogo ‘Conferencia sobre la lluvia’ (de Juan Villoro). Lo leí al volver de Río Colorado, hablamos, y discutimos sobre las empanadas”, rememoró.