2023-04-25

Salud

Estrés: desafío de larga duración

La ansiedad de pensar en cómo pagar el alquiler y los impuestos, en qué vamos a hacer de cena, en buscar a los niños del colegio, en felicitar a un amigo porque es su cumpleaños, en entregar a tiempo un informe en el trabajo, en que llegamos tarde a una reunión por un embotellamiento. Este es el día a día de cualquiera de nosotros. En su transcurso no nos damos cuenta de que el estrés y la ansiedad que producen todas nuestras preocupaciones son los peores enemigos para nuestro cuerpo y nuestra mente.

El estrés es el proceso que llevamos a cabo cuando percibimos una situación o acontecimiento como amenazante o desbordante respecto a nuestros recursos personales. En muchas ocasiones esas situaciones se relacionan con cambios que hacen necesario un sobreesfuerzo y ponen en peligro el bienestar personal. La ansiedad se instala a causa de un estrés excesivo y permanece mucho tiempo produciendo diversas sensaciones y efectos negativos en la salud.

Podríamos definir el estrés como el estado cognitivo, emocional y comportamental que genera el anhelo o el deseo de querer estar “allí” mientras estamos “aquí”. Es negativo cuando nos desborda y convierte en una agonía la recopilación de pensamientos, la ordenación de quehaceres y la optimización de nuestros recursos.

Las presiones laborales, sociales, familiares y personales nos obligan a estar reajustando nuestras expectativas y nuestra vida de manera continua. No podemos permitirnos perder el empleo, tenemos que pagar las deudas, ocuparnos de muchas tareas pendientes, mantener la dedicación emocional hacia varias personas, estudiar para esos exámenes.

De golpe, nos damos cuenta de que nos cuesta conciliar el sueño y que a las tres de la madrugada estamos en nuestra cama dándole vueltas a la manera en la que podemos hacer frente a innumerables situaciones. Cada vez estamos más fatigados y de peor humor. El agotamiento se incrementa, generando una desagradable sensación de embotamiento mental, emocional y físico.

Robert M. Salpolsky dice que “en nuestra privilegiada vida hemos sido los únicos del mundo animal con la suficiente inteligencia como para inventarnos ciertos agentes estresantes y los únicos lo bastante estúpidos como para permitir que dominen nuestras vidas”. El estrés es el resultado de las divergencias percibidas entre las demandas del entorno y las herramientas de las que disponemos para hacerles frente. Por eso, equilibrarnos de manera cotidiana es una buena estrategia para poner en marcha una respuesta adecuada.

No es exagerado decir que este es uno de los grandes males del siglo. En ocasiones, puede incluso parecernos que cuantos más avances, mayor estrés. Sostenido en el tiempo, el estrés es equiparable a un martillo que golpea de manera constante nuestra salud. Sin embargo, en todos los casos influye la manera en que lo interpretamos o nos enfrentamos a ello, ya que existen distintos tipos de tolerancia a los problemas y distintos umbrales, dependiendo de cada persona.

La inteligencia emocional para gestionar el estrés es un recurso útil, necesario y saludable. En una realidad inmediata cada vez más demandante, compleja y marcada por las incertidumbres, siempre es bueno tener ese «as en la manga» en lo que a recursos psicológicos se refiere. Es una gran verdad. Para sentirnos bien, necesitamos percibir que tenemos cierto control sobre nuestro entorno y que, a pesar de existir alguna presión o problema puntual, podemos manejarlo.

La autoconciencia emocional es la capacidad de tomar contacto con nuestros estados psicofisiológicos. Es identificar la angustia, el enfado, el miedo, la tristeza, la decepción… Muchas veces funcionamos con “el piloto automático”, sin tener en cuenta lo que sucede en nuestro interior. Esto hace que nos sobrepasen las demandas y que lleguemos a situaciones límite. A veces el estrés actúa como una jaula que nos impide ver más allá de nuestras presiones y obligaciones. Alzar la mirada y trazar nuevas metas ilusionantes mejora al instante nuestro estado de ánimo y nos ofrece perspectiva.

En el desarrollo de la Inteligencia emocional para gestionar el estrés no puede faltar la auto empatía. Es conectar con nosotros mismos para tratarnos con compasión y darnos lo que necesitamos. Ese esfuerzo emocional cargado de amabilidad y afecto hacia uno mismo promueve de manera directa nuestro reposo y nuestro bienestar.(BAE)

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