Cuestión de fe: la nevada en el verano romano, la Virgen de las Nieves, la devoción de Francisco y su inédito sepulcro

El día de la Virgen de las Nieves, celebrado litúrgicamente cada 5 de agosto, tiene su origen en una leyenda romana del siglo IV que dio origen a la construcción de una de las basílicas más importantes de la cristiandad: Santa María la Mayor, en Roma.
miércoles 05 de agosto de 2026
Nieve en el verano de Roma. El Papa Liberio en el siglo IV, junto al matrimonio que construyó la basílica de Santa María la Mayor
Nieve en el verano de Roma. El Papa Liberio en el siglo IV, junto al matrimonio que construyó la basílica de Santa María la Mayor

Su construcción se refiere a una leyenda y milagro del siglo IV, cuando un matrimonio muy devoto de la Virgen María oraba buscando un lugar para destinar toda su fortuna a un templo en su honor. En agosto es verano en el hemisferio Norte, y justo un 5 de agosto de esos tiempos del Papa Liberio, las oraciones de la pareja tuvieron respuesta: la Virgen se les apareció al Papa y a Juan, el esposo, anunciando que la madrugada del 5 de agosto señalaría el sitio exacto para la construcción.

Así ocurrió en Roma el prodigio o milagro del monte Esquilino: su cima amaneció nevada, “completamente blanca”, en una jornada calurosa. El manto blanco delineaba el perímetro exacto que debía ocupar el nuevo templo.

Construyeron allí la basílica de Santa María la Mayor, conocida en siglos posteriores hasta hoy como la “Basílica Liberiana”. Y el 5 de agosto el día de la Virgen de las Nieves, fecha y figura instituidas por ese motivo.

Sepulcro del Papa Francisco

Para el cura Jorge Bergoglio, luego obispo y finalmente Papa de la iglesia Católica, la Virgen de las Nieves y la basílica eran de profunda y de enorme significado espiritual. El pontífice profesaba una devoción inquebrantable por la advocación mariana de esta iglesia, que visitaba asiduamente desde antes de 2013, cuando fue elegido Papa. Su primer acto oficial fue acudir allí para encomendar su pontificado a la Virgen y volvió una y otra vez antes y después de sus viajes apostólicos internacionales.

Francisco eligió expresamente a Santa María la Mayor como su morada final y, fiel a su estilo, rompiendo con la tradición secular de que los papas sean sepultados en las criptas de la Basílica de San Pedro, él fue enterrado en la nave lateral de la basílica, en un nicho ubicado entre la Capilla Paulina y la Capilla Sforza. También quiso un entierro austero, como en su papado redujo al mínimo la pompa y boato en su persona, y su tumba consiste en una sobria lápida de mármol de Liguria con la única inscripción “FRANCISCUS”, además de una reproducción de su cruz pectoral.