Seguridad vial  

Más allá del frenado: el rol de los reductores en la vida urbana

Los reductores o lomos de burro son habituales tema de controversia, en especial por conductores que no respetan los límites de velocidad. La columna de hoy del perito forense Néstor Vidal ilustra sobre sus criterios y razonabilidad.
domingo 15 de marzo de 2026
Reductor de velocidad instalado en la calle Albarracín
Reductor de velocidad instalado en la calle Albarracín

Por Néstor Vidal (*)

La gestión de la velocidad es el pilar fundamental de la seguridad vial urbana. Entre las diversas herramientas de "calmado de tráfico" (traffic calming), los lomos de burro y los reductores físicos son los más comunes, pero su eficacia depende de una instalación técnica precisa y no de la arbitrariedad. Nuevamente le dejo la mirada técnica de este profesional en este nuevo artículo.

Definición y diferencias técnicas

Aunque solemos usar los términos como sinónimos, existen diferencias de diseño que afectan la dinámica del vehículo:

  • Lomo de Burro (Cresta Redondeada): Es una elevación transversal en la calzada, generalmente de sección circular. Su objetivo es obligar a reducir la velocidad a menos de 20-30 km/h.
  • Reductores Trapezoidales (Mesetas): Son estructuras más largas con una parte superior plana. A menudo funcionan como pasos peatonales elevados, mejorando la visibilidad del peatón.
  • Serruchos o Tachas: Dispositivos de alerta que generan vibración y sonido, pero no necesariamente obligan a un frenado total.

Como profesional y analista en la Prevención Vial, insisto que romper las calles para colocar badenes o montar lomos de burro significa que: “Por más que se le halla explicado a la gente, está “NO” toma conciencia de cómo debe manejarse en la Vía Pública.

El impacto en la seguridad vial

El análisis de estos elementos revela beneficios claros, pero también desafíos operativos:

  • Reducción de la Siniestralidad: La probabilidad de muerte de un peatón en un atropello se reduce drásticamente si el vehículo circula a 30 km/h en lugar de 50 km/h. Los reductores garantizan este límite de forma "pasiva" (sin necesidad de presencia policial).
  • Canalización del Flujo: Ayudan a priorizar zonas escolares, residenciales o de alto flujo peatonal.
  • Contras: El efecto "frenado-aceleración": Si están mal ubicados, pueden generar mayor contaminación sonora y ambiental debido a que los conductores frenan bruscamente y aceleran con fuerza inmediatamente después.

Criterios de instalación y normativa

Para que un lomo de burro sea legal y seguro, debe cumplir con estándares técnicos (que, en Argentina, por ejemplo, están regulados por Vialidad Nacional y normativas municipales):

Desafíos y alternativas modernas

El análisis moderno sugiere que el exceso de lomos de burro puede retrasar a los servicios de emergencia (ambulancias y bomberos). Por ello, se están evaluando alternativas como:

  • Chicanas: Desvíos en la trayectoria recta de la calle.
  • Estrechamientos de calzada: Que generan una sensación de alerta en el conductor.
  • Radares pedagógicos: Pantallas que muestran la velocidad actual para fomentar la autogestión.

Finalmente, para este profesional, los lomos de burro y reductores físicos son el “último recurso" necesario cuando el diseño de la calle no logra por sí solo que el conductor respete los límites. Su éxito no reside en la altura del obstáculo, sino en su visibilidad y correcta distribución dentro de un plan de movilidad urbana integral y con una concientización cultural preventiva, siendo a veces un problema más formativo y de conciencia que en realidad excede incluso a los problemas viales.

(*) Néstor Vidal es profesional forense integrante de CIFTT (Centro de Investigación Forense y Tecnología del Tránsito) y miembro suscripto al programa del Instituto Nacional de Justicia (NIJ) de la Agencia de Investigación Científica Forense, Evaluación y Tecnología del Departamento de Justicia de los Estados Unidos (999-N. Capitol St., NE, Washington, DC 20531).