Fue presidente de ARSAT y creó el primer whisky artesanal del país

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Entre telescopios caseros y cohetes de plástico, sus primeros años en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, marcaron su futuro. Pablo Tognetti era, por aquel entonces, un niño repleto de curiosidades. Anillos de saturno, satélites de júpiter y manchas solares. Cada encierro en su habitación significaba el inicio de un ritual: sacar el telescopio, apuntar hacia el cielo, abrir un cuaderno y anotar.

“En cuarto año decidí que iba a estudiar física. Me dedicaba a la astronomía pero de manera muy amateur. Muchas cosas me llamaban la atención, entonces lo que veía lo dibujaba. Me sorprendía lo que podía hacer con un telescopio muy chico”, explica el hombre, de 71 años a Infobae. Se terminó de decidir en 1965, durante su viaje de egresados a Bariloche. “Había una conocida en mi ciudad que se estaba por recibir de Física en Bariloche, precisamente en el Instituto Balseiro. Cuando viajé, tuve la oportunidad de visitarlo y quedé maravillado. Terminé la secundaria y a los 19 años me vine a vivir aquí”, recuerda.

El Instituto Balseiro, fundado en 1955, funciona en las instalaciones del Centro Atómico Bariloche, en un convenio que tiene como protagonistas a la Universidad Nacional de Cuyo y la Comisión Nacional de Energía Atomíca (CNEA). “Estudiar en Bariloche fue muy duro. Me dieron una beca y alojamiento en los pabellones de la universidad. Ahora es diferente, los chicos reciben el dinero de la beca y alquilan un lugar junto a otros compañeros. Sí recuerdo la exigencia de una carrera que duraba tres años y medio y sólo permitía un aplazo. Al segundo, volvías a tu a casa. Sin vuelta atrás”, explica Tognetti.

En enero y julio eran sus vacaciones. “Después eran 10 meses de mucho sacrificio. Fueron épocas duras, pero por el estudio, no por otras cuestiones. Pero a mí no me importaba porque quería venir a vivir acá. Para estudiar Física al nivel que hay acá, incluso ahora, en Latinoamérica diría, no hay sitio mejor que este para aprender. Posee mucha continuidad y estar lejos de Buenos Aires ayuda. Lo digo porque todos los problemas que pasan allí se alivian a la distancia. Acá no se producen cambios permanentes, los directores duran mucho tiempo y tenés esa tranquilidad”, cuenta el físico.

En la actualidad, celebra que cada vez más jóvenes de toda la región decidan comenzar alguna carrera en el Balseiro. A la única que se dictaba en ese momento (Física), se le sumaron con el correr de los años algunas más: Ingeniería Nuclear, Ingeniería Mecánica e Ingeniería en Telecomunicaciones. También se brindan siete carreras de posgrado: la Carrera de Especialización en Aplicaciones Tecnológicas de la Energía Nuclear (CEATEN), las maestrías en Física, Física Médica e Ingeniería y los doctorados en Física, Ingeniería Nuclear y Ciencias de la Ingeniería.

“Dejando de lado los grandes institutos y universidades, todos los investigadores que salen de acá salen mejor formados que en cualquier otro sitio del extranjero. Cuando me recibí, me fui a vivir a Manchester, en Reino Unido, durante tres años. Allí fui a realizar mi tésis”, rememora Tognetti, quien se especializó en el circuito integrado a través de la implantación de iones con una máquina de acelerador de partículas y había que conocer eso para después armarlos.

“Surgió por una beca y por la insistencia de otro físico, Conrado Varotto, impulsor del INVAP (Investigación Aplicada) y también su primer gerente general. Él tenía 28 años y quería armar cosas que sirvieran. Recuerdo que lo querían matar, porque decían que a ‘la ciencia básica no hay que perturbarla’. Hoy, a la distancia, estamos orgullosos de continuar con una universidad gradúa a ingenieros de primer nivel”, dice Tognetti

En Reino Unido nació otra de sus pasiones: la fabricación de cerveza artesanal. “Fue casual. Veía un cartel cuando volvía manejando el auto a casa desde la universidad. ‘Homebrewing’, decía, todo junto. Averigüé qué significaba y al siguiente sábado bajé y me llevé un kit para hacer 20 litros de cerveza. Me quedé impactado porque esa cerveza era de un nivel que sólo en un buen pub podía tomar. Claro que mi formación como físico experimental me ayudó. Pero te tiene que capturar”.

Pablo-Tognetti-Ex-Presidente-de-Arsat-4

Cuando regresó al país, siguió trabajando como investigador. “Luego visité Ecuador, Perú, Colombia y muchos países más ahí me daba cuenta de que el nivel universitario que tenemos, aún con todas las crisis que vivimos, es admirable. Es muy valioso y uno lo ve cuando se va afuera. Y a pesar de que tenemos la tecnología y la capacidad humana para realizar todo tipo de investigaciones y creaciones, a otros países le es más fácil comprar afuera por los créditos que les dan. Nosotros no podemos financiar”, explica Tognetti.

A la crisis que atraviesa el INVAP en la actualidad, el físico la explica de manera sencilla: “INVAP vive de lo que vende. Nosotros tenemos una ventaja que muchos países no tienen. Para vender afuera primero tuviste que haberlo hecho en tu país. El primer reactor, el primer radar y el primer satélite lo hicimos. Por eso hay que vender sí o sí para poder pagar los sueldos”.

Actualmente, Tognetti se desempeña, desde 2013, en el área de Marketing Internacional. Previo al inicio de este cargo, fue presidente de ARSAT durante siete años. “Fue una experiencia muy linda, con muchísimos proyectos cumplidos. Justo me fui un año antes del lanzamiento del ARSAT 1, que ya estaba listo. El ARSAT 2 estaba encaminado, le faltaban algunos detalles, pero fue un honor. Fue una lástima que el ARSAT 3 no se haya concretado”.

“Me queda poco tiempo de trabajo, por eso ya empecé desde hace un tiempo con otro proyecto: creé la primera destilería artesanal de whisky del país. Venía haciendo cerveza y desde hace un año y medio lo dejé para volcarme al whisky, que también lo conocí en Reino Unido y me gusta mucho”, relata el hombre que, en un proyecto familiar, armó la primera destilería junto a su yerno, con quien disolvió su sociedad desde hace un tiempo para lanzarse sólo al mercado con Madoc, un single malt.

“Mi hijo me ayuda con la destilería. En Estados Unidos hay más de 1200 destilerías artesanales, que son ocho veces más grandes que acá. Mi formación académica y profesional me ayudó mucho en lo que es el laboratorio, reproducir recetas. Hice un proceso de escala piloto preparando whisky, que es un destilado de una cerveza, de ahí que el salto no es tan complicado”, dice Tognetti.

Él mismo diseñó los equipos, que tienen que ser de cobre. Su destilería, en Dina Huapi, produce un poco más de 6000 litros de whisky al año. “Es un proyecto que me interesa hacer, un desafío personal y comercial. Tengo mi jubilación, me estoy prácticamente retirando del INVAP y quiero sumar componentes para conocer nuevas realidades. Siempre innovando en hacer algo mejor”. (Infobae)