Emotivo reencuentro de un abuelo con sus nietos tras estar internado 110 días por COVID

Raúl Barría tiene 62 años y logró vencer al virus, luego de permanecer más de tres meses internado en el Hospital Privado Regional (HPR) de Bariloche.

La gravedad de su cuadro dio lugar a los pronósticos más desalentadores de parte de los médicos, quienes eran incrédulos acerca de su recuperación. Tras darle el alta hospitalaria, creen que se trató de “una evolución milagrosa”.

Luego de vacacionar en Las Grutas y visitar a familiares en el Alto Valle Rionegrino, Raúl y Silvia, su esposa, volvieron a Bariloche. Pero la vuelta a casa no sería la ideal ya que el termómetro avisaba que las cosas no estaban bien.

El primer día hábil de marzo regresaron a Bariloche y al día siguiente el hisopado dio positivo para coronavirus. Tres días más tarde la temperatura seguía en 38 grados, más allá de algunos momentos de alivio, hasta que se iba el efecto del paracetamol.

Una nueva visita a un centro médico privado de la localidad lacustre sería el inicio de una historia que este fin de semana tuvo un final feliz.

Durante las primeras horas estuvo internado en una sala común, abastecido de oxígeno con “bigotera” aunque el cuadro se complicó y los médicos optaron por alojarlo en la sala de cuidados intensivos, junto a otros pacientes que habían contraído el virus.

Los médicos sabían que se trataba de un caso de extrema gravedad. Los médicos le anticipaban a la familia que podía tratarse de un cuadro irreversible y aseguraban que “sólo un milagro” podría sacarlo adelante. Y eso ocurrió.

Fueron tres meses y 20 días de cuidados extremos, tratamientos médicos y mucha contención psicológica. “Eso fue lo que lo sacó adelante, el cariño de los médicos, enfermeras, kinesiólogos y de los amigos y la familia” dijo su esposa.

El fin de semana pasado Raúl fue dado de alta hospitalaria – aunque debe continuar con los cuidados médicos en el domicilio- y fue recibido por sus nietos, Milo y Zoe, quienes lo esperaron en el pasillo de su departamento.

La excesiva pérdida de masa muscular lo obliga, por ahora, a movilizarse en silla de ruedas y es asistido con un concentrador de oxígeno que lo acompaña durante las 24 horas, aunque Raúl asegura hacerle frente a las secuelas que le dejó el COVID.

“Fueron días durísimos, veía cómo se moría la gente que estaba en la misma sala” relató Raúl, quien más de una vez le preguntó a los médicos si se iba a recuperar.

Silvia, su esposa, destaca la contención que recibió Raúl durante su permanencia en el sanatorio. “No hay palabras para agradecer por el trato que recibió, y por la contención que nos brindaron” contó.

Alejadas de cualquier terminología médica, medicamentos con nombres raros y procedimientos desconocidos para el paciente, las enfermeras lo alentaban a superar cualquier diagnóstico incrédulo. “Mirá esa pared, por ellos tenés que ponerte bien” le decían, señalando una mampara donde tenía fotos de sus nietos, con mensajes de aliento que los pequeños Milo y Zoe le habían dedicado.

Sus hijos Bárbara y Lucas solían visitarlo, cumpliendo estrictas medidas de seguridad indicadas por los responsables del centro médico. Aunque le aconsejaban no hablar, para no agitarse, compartían algunos minutos por día para que no se sienta solo y para darle fuerzas.

“Yo quería ponerme bien, quería salir y estar en mi casa con mi familia pero no sabía que podía pasar. Pensé lo peor, pero recibí un cariño enorme de parte de la gente que me rodeaba” dijo.

Las enfermeras y kinesiólogos dejaban de cumplir sus roles profesionales para atenderlo. Así crearon “jornadas de spa” para afeitarlo y cortarle el pelo.

Tras superar el COVID fue trasladado a una terapia intensiva “limpia” aunque los cuidados médicos siguieron siendo estrictos. Una tablet con películas y series fuer su entretención durante varios días, además de una ventana a los techos vecinos y algunas ramas de árboles que apenas asomaban.

El estado anímico

Raúl tiene dos pasiones: las carreras de TC y su fanatismo por Boca Juniors. A través de amigos y conocidos, reconocidos pilotos de esa categoría de automovilismo y ex futbolistas xeneizes le grabaron mensajes de aliento.

El ex arquero de Boca Juniors Carlos “Mono” Navarro Montoya, Norberto “Tito” Pompei y José “Pepe” Basualdo y los pilotos Norberto Fontana, Marcos Landa y Lionel Pernía, le mandaron mensajes grabados que fueron compilados en un video que lo emocionaron.

El reencuentro con sus nietos

Después de 3 meses y 20 días, los médicos evaluaron que su evolución ameritaba darle el alta hospitalaria, para continuar con tratamiento domiciliario. La noticia entusiasmó a su familia, que preparó una bienvenida especial en su departamento. Sus nietos aguardaron ansiosos la vuelta a casa.

“Le hice frente al virus, ahora voy a hacer lo mismo con las secuelas. Estoy feliz de poder disfrutar de mi familia” dijo, mientras se preparaba para disfrutar de un almuerzo por el Día del Padre junto a su esposa, hijos y nietos.